Publicado originalmente en la página web de MMT France el 19/4/2025
Las cadenas invisibles del euro
Introducción
El debate público sobre las políticas económicas en la zona euro está saturado de un discurso que insiste en las “ineluctables” limitaciones financieras. Déficits que no deben superarse, deuda pública que debe mantenerse bajo control, mercados financieros que hay que tranquilizar: estas restricciones se presentan no como normas políticas, sino como leyes férreas económicas, e incluso naturales. Sin embargo, como subrayan enfoques heterodoxos como la Teoría Monetaria Moderna (TMM[i]), a menudo existe un abismo entre las capacidades funcionales intrínsecas de un sistema monetario y el uso político y normativo que se hace de él. Una de las principales victorias ideológicas del neoliberalismo consiste precisamente en hacer pasar las reglas específicas y restrictivas de la Eurozona por necesidades técnicas o naturales, ocultando su carácter de opciones políticas contingentes.
(…) como subrayan enfoques heterodoxos como la Teoría Monetaria Moderna (TMM[i]), a menudo existe un abismo entre las capacidades funcionales intrínsecas de un sistema monetario y el uso político y normativo que se hace de él.
Con el fin de desnaturalizar este fenómeno y revelar su dimensión democrática, resulta valioso articular tres pensamientos críticos provenientes de campos distintos pero perfectamente complementarios. Cornelius Castoriadis[ii], filósofo de la creación institucional; Barbara Stiegler[iii], filósofa política de la racionalidad neoliberal adaptativa; y Quinn Slobodian[iv], historiador de la encapsulación neoliberal, permiten entrelazar las dimensiones antropológicas, políticas e históricas de la naturalización de los límites económicos. Poner en perspectiva a estos tres pensadores permite identificar los fundamentos profundos del discurso económico dominante, sus efectos de poder y las posibilidades de subvertirlo.
Castoriadis: Olvidar que creamos nuestras propias reglas
En el corazón del pensamiento de Cornelius Castoriadis se encuentra la distinción fundamental entre autonomía y heteronomía. Una sociedad autónoma es aquella que se reconoce como la fuente de sus propias leyes e instituciones (la auto-institución), que establece conscientemente sus significados y finalidades. Por el contrario, una sociedad heterónoma es aquella que atribuye el origen de sus instituciones a una fuente externa (Dios, los antepasados, la Naturaleza, la Historia o, hoy en día, la Economía o la Técnica). Olvida que es una creación del imaginario social instituyente y acaba por cosificar sus propias creaciones, percibiéndolas como realidades objetivas e inmutables a las que debe someterse.
Las reglas presupuestarias y monetarias de la zona euro constituyen un caso ejemplar de este proceso de heteronomía. En efecto, estas reglas no derivan de ninguna ley económica trascendental, sino que son el producto de decisiones políticas específicas, tomadas en un contexto histórico e ideológico determinado: el auge del neoliberalismo y del ordoliberalismo[v] alemán. No obstante, el discurso dominante las presenta como salvaguardas técnicas indispensables, como restricciones casi naturales. Los economistas ortodoxos que confunden estas reglas políticas (el uso contingente) con las propiedades funcionales del dinero (sus potencialidades intrínsecas) participan activamente en esta reificación. Olvidan, y hacen olvidar, que estas reglas son instituciones, creaciones humanas, y que podrían ser radicalmente diferentes si la sociedad decidiera auto-instituirse de otra manera.
Stiegler: Adaptarse al mundo en lugar de transformarlo
Barbara Stiegler, en diálogo con John Dewey[vi], analiza el neoliberalismo no sólo como una doctrina económica, sino como una racionalidad política que transforma profundamente las condiciones de vida, pensamiento y deliberación. Esta racionalidad, especialmente en su versión “biológica”, inspirada en Walter Lippmann[vii], postula que el objetivo ya no es adaptar el entorno a las necesidades humanas (el proyecto democrático clásico), sino adaptar a los humanos a un entorno (económico, tecnológico, competitivo) presentado como cada vez más complejo, inestable y restrictivo.
Las reglas de la Eurozona funcionan precisamente como ese entorno al que hay que adaptarse. La “disciplina presupuestaria” y las “reformas estructurales” orientadas a la “competitividad” se presentan como las únicas respuestas posibles y responsables frente a las “realidades” del mercado globalizado y a las “objetivas” restricciones monetarias. Este discurso produce inevitablemente una anestesia del pensamiento crítico y de la investigación colectiva. Cualquier intento de cuestionar la pertinencia de las propias reglas, de explorar alternativas políticas (por ejemplo, una política presupuestaria más expansiva para atender necesidades sociales o ecológicas), o de redefinir los objetivos de la unión monetaria, es descalificado como “irrealista”, “populista” o “irresponsable”. La complejidad técnica, real o supuesta, se invoca para anular la deliberación democrática y reemplazarla por una experticia alineada con la necesidad de adaptación. La naturalización de los límites financieros es así una herramienta poderosa de esta gubernamentalidad adaptativa que impide a los ciudadanos volver a ser autores conscientes de su mundo común.
Slobodian: Proteger el mercado de la democracia
El historiador Quinn Slobodian, al estudiar a los pensadores neoliberales de la Escuela de Ginebra, pone de relieve un aspecto crucial de su proyecto: no el “laissez-faire”, sino la construcción activa de un orden jurídico e institucional mundial destinado a “encapsular” (“encase”) la economía de mercado para protegerla de las interferencias democráticas de los Estados-nación. El objetivo es garantizar los derechos de propiedad y la libre circulación del capital a escala global, creando normas e instituciones (tratados comerciales, tribunales de arbitraje, organizaciones internacionales) que se sitúan por encima o fuera del alcance de los procesos políticos nacionales.
La arquitectura de la zona euro puede interpretarse como una manifestación regional particularmente lograda de esta estrategia de encapsulación. La moneda única, gestionada por un banco central independiente y sacralizado, combinada con normas presupuestarias supranacionales rígidas, crea un marco que limita drásticamente la soberanía económica de los Estados miembros y, por tanto, la capacidad de los ciudadanos para influir en las políticas macroeconómicas mediante la vía democrática. Los tan invocados “límites financieros” no son datos brutos de la economía, sino los barrotes de una jaula institucional deliberadamente construida para restringir lo político. Naturalizar estos límites equivale a ocultar la existencia misma de la jaula y el proyecto político (proteger el capital de la democracia) que presidió su construcción. El discurso económico dominante, al tratar estas reglas como técnicas o necesarias, se convierte en el guardián de esa encapsulación.
Conclusión: Recuperar la lucidez y el espacio de lo político
Articular a Castoriadis, Stiegler y Slobodian permite captar la profundidad del problema que supone no distinguir entre, por un lado, las características funcionales intrínsecas del sistema monetario y, por otro, la forma en que se utiliza. La confusión mantenida por una parte del discurso económico entre las potencialidades funcionales de un sistema monetario y las reglas políticas que encuadran su uso en la zona euro no es un simple error técnico. Es una manifestación de heteronomía (Castoriadis), donde se toma una creación social por una ley natural; es una herramienta de la racionalidad adaptativa neoliberal (Stiegler), que ahoga el pensamiento crítico y la investigación colectiva; y es el resultado tangible de una estrategia de encapsulación (Slobodian) que busca aislar el orden económico del control democrático.
Es una manifestación de heteronomía (Castoriadis), donde se toma una creación social por una ley natural; es una herramienta de la racionalidad adaptativa neoliberal (Stiegler), que ahoga el pensamiento crítico y la investigación colectiva; y es el resultado tangible de una estrategia de encapsulación (Slobodian) que busca aislar el orden económico del control democrático.
Esta confusión mantenida entre potencialidades funcionales y uso político restrictivo encuentra un eco técnico esclarecedor en la TMM, mencionada en la introducción. Al recordar las capacidades intrínsecas de acción del creador de una moneda soberana —ampliamente limitadas en la arquitectura actual del euro por normas autoimpuestas—, la TMM no se limita a describir un funcionamiento: ilumina el alcance de las decisiones políticas voluntariamente ignoradas, e incluso prohibidas. Aporta así una confirmación pragmática al diagnóstico filosófico y político: las “cadenas” del euro no responden a una necesidad económica, sino a un cerrojo institucional deliberadamente construido.
Referencias bibliográficas
Castoriadis, C. (2022). La institución imaginaria de la Sociedad.
Dewey, J. (2004). Opinión pública y sus problemas. Ediciones Morata, S.L.
Lippmann, W. (1937). The Good Society. Little, Brown & Company.
Stiegler, B. (2023) Hay que adaptarse: tras un nuevo imperativo político. Kaxilda
Notas
[i] Nuestra web contiene muchos artículos fundamentales sobre la TMM: http://www.redmmt.es/
[ii] Cornelius Castoriadis (1922-1997) fue un filósofo y psicoanalista franco-griego. Es uno de los fundadores del grupo Socialismo o Barbarie y autor de La institución imaginaria de la sociedad (1975), donde desarrolla el concepto de autoinstitución de la sociedad.
[iii] Barbara Stiegler (nacida en 1971) es profesora de filosofía política en la Universidad de Burdeos. Ha publicado «Il faut s’adapter» (2019), publicado en castellano como Hay que adaptarse (2023), una lectura crítica del neoliberalismo como biopolítica de adaptación.
[iv] Quinn Slobodian (nacido en 1978) es un historiador canadiense. Su obra, que incluye Globalists (2018) —edición en castellano por Capitán Swing con el título Globalistas. El fin de los imperios y el nacimiento del neoliberalismo— y Crack-Up Capitalism (2024), rastrea cómo los pensadores neoliberales han tratado de proteger los mercados de la intervención democrática.
[v] El ordoliberalismo es una escuela alemana de pensamiento económico que surgió en la década de 1930, que aboga por un marco legal fuerte que garantice la competencia libre y sin distorsiones. A diferencia del laissez-faire, confía al Estado el papel de crear y mantener el orden del mercado. Esta doctrina influyó profundamente en la construcción económica de la Alemania de posguerra y, más ampliamente, en la de la Unión Europea.
[vi] John Dewey (1859-1952) fue un filósofo pragmático estadounidense y una figura central en la filosofía de la educación y la democracia deliberativa. En Opinión pública y sus problemas (1927), desarrolló una crítica a la naciente tecnocracia y defendió la idea de que sólo la experiencia colectiva y la participación activa de los ciudadanos pueden responder a los problemas públicos. Su trabajo y su debate intelectual con Walter Lippmann sirvieron de apoyo a Barbara Stiegler en su análisis del neoliberalismo como punto de inflexión biológico y adaptativo.
[vii] Walter Lippmann (1889-1974) fue un periodista y pensador político estadounidense cuyo libro The Good Society (1937) influyó profundamente en los teóricos del neoliberalismo. Preocupado por el declive del liberalismo clásico frente al auge del totalitarismo y la expansión del Estado intervencionista, Lippmann reclama una refundación del liberalismo basada en instituciones capaces de contener los excesos democráticos. Su trabajo inspiró el Coloquio Lippmann organizado en París en 1937, donde los futuros pilares del neoliberalismo (Hayek, Röpke, Rougier, etc.) se reunieron para pensar en un liberalismo renovado, preocupado por enmarcar la democracia sin abolirla.
