Hace diez años los británicos votaron la salida de la Unión Europea. En ese momento yo apoyé esa salida. Hoy sigo apoyándola pese a la intensa propaganda que trata de certificar el fracaso del Brexit. Explico mi postura.
En un capítulo en el que colaboramos Bill Mitchell y yo, incluido en el libro Modern Monetary Theory. Key Insights, Leading Thinkers, publicado por Elgar en 2023, escribimos esto:
Consecuencias del Brexit: una oportunidad
(…) las predicciones de colapso de la economía británica por parte de los partidarios de la permanencia no se han materializado. Si bien el crecimiento en el Reino Unido ha sido mediocre, la eurozona no ha tenido mejor suerte, especialmente durante la pandemia. Pero la amargura y el rencor persisten. Cualquier mala noticia probablemente será atribuida al Brexit por los europeístas. (…) Es evidente que se ha observado cierta sustitución de socios comerciales. Factores como el acopio de existencias antes de la salida del país de la unión aduanera y las consecuencias de la pandemia también distorsionaron las cifras comerciales (Oficina Nacional de Estadística, 2021). El analista Wolfgang Münchau ha denunciado que las previsiones de un pesimismo absoluto han sido erróneas y engañosas. Cuando los economistas no lograron predecir la crisis financiera mundial, no lo hicieron por malicia ni por sesgo político. Pero sus pronósticos sobre el Brexit no fueron un error inocente, ni serán recordados como tal (Münchau, 2021).
¿Qué podemos concluir, entonces, del Brexit? Es evidente que una nación puede prosperar y comerciar fuera del marco de la UE. La pregunta, por lo tanto, es si el Brexit ofrece una oportunidad. Sería justo argumentar que la distancia entre el ciudadano medio y sus representantes electos se ha acortado y que la presión popular ahora podrá ejercer mayor influencia en las políticas. Sin embargo, abandonar la UE no garantiza que no se apliquen políticas neoliberales ni medidas de austeridad, y sería sorprendente que el gabinete conservador de Boris Johnson abandonara una gestión financiera sólida. No obstante, según la Oficina Nacional de Estadística (ONS), el Gobierno británico parece actuar con mayor margen de maniobra que sus antiguos socios.
(…)
El Brexit ofrece la oportunidad de abandonar las políticas neoliberales que han dominado el país desde la era Thatcher. La salida de la UE es una condición necesaria, pero no suficiente, para la implementación de una agenda progresista. Como soberano monetario, el Reino Unido ahora puede decidir cómo utiliza sus recursos y tiene el potencial de alcanzar niveles de prosperidad inalcanzables para muchos países periféricos de la UE. Las prohibiciones de financiación directa de gobiernos por parte del Banco de Inglaterra ya no se aplican. Las normas de déficit fiscal de la UE, consagradas en tratados como el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), pueden ignorarse. La aprobación previa de los presupuestos generales por parte de la Comisión Europea (CE) es cosa del pasado. Sin embargo, durante un período de transición de cuatro años, la CE tendrá competencia para iniciar nuevos procedimientos administrativos en materia de ayudas estatales. Los responsables políticos y líderes de todos los partidos siguen influenciados por las ideas neoliberales dominantes y actúan como si el gobierno de Su Majestad tuviera limitaciones financieras. No obstante, ahora se puede elegir un gobierno basado en la Teoría Monetaria Moderna (TMM) e implementar políticas que estimulen el crecimiento, una mayor igualdad, un nuevo pacto verde o el pleno empleo mediante un programa de garantía de empleo. [énfasis en negrita añadido]
Es decir, considerábamos que el Brexit abría una oportunidad para que los británicos eligieran un gobierno progresista, libre de las ataduras institucionales creadas por los Tratados de la UE. Es evidente que esa oportunidad se ha desaprovechado y los culpables son los líderes británicos.
Salir del neoliberalismo
Que la Unión Europea es una institución de inspiración neoliberal a estas alturas no lo desconocen más que los despistados. Ejemplos del rígido marco neoliberal de la UE son:
- La independencia del BCE que incluye la prohibición de comprar deuda de los Estados, prohibición obviada cuando les conviene.
- El marco fiscal europeo con límites al déficit fiscal y a la deuda pública.
- Las constantes reformas «estructurales» que han contribuido a una desregulación de las leyes laborales y de otros mercados, como el financiero.
- La sustitución de las políticas de pleno empleo por políticas activas de empleo.
- Las políticas neomercantilistas basadas en crecimiento a través de exportaciones y la represión salarial
- La gestión tecnocrática bajo apariencia democrática
- Un proceso legislativo donde el parlamento no tiene iniciativa, la cual corresponde a la Comisión Europea y donde los lobbies ejercen una fuerte influencia.
- Una unión monetaria que impone un sesgo permanente de austeridad a los gobiernos de la UE.
Invito al lector a leer REGRESIÓN PROGRESIVA. Metamorfosis de la política social europea de Wolfgang Streeck para entender por qué la UE es el epítome del neoliberalismo con mayor detenimiento. Otra obra indispensable es La distopía del euro, de Bill Mitchell, quien, con extraordinaria erudición, repasa la historia de unos tratados redactados durante el apogeo del neoliberalismo.
La cuestión que debemos considerar es que la UE impone una capa de rigidez adicional que hace casi imposible abandonar el marco neoliberal.
Es bien cierto que todas estas características pueden describir perfectamente a cualquier otro Estado neoliberal actual. La cuestión que debemos considerar es que la UE impone una capa de rigidez adicional que hace casi imposible abandonar el marco neoliberal. Para un Estado que no sea miembro, abandonar el marco institucional e ideológico neoliberal que ha dominado nuestra era desde los años 80 requeriría un cambio de mayorías parlamentarias y quizá alguna reforma constitucional. Para los Estados miembro de la UE superar ese marco requiere abandonar los tratados, invocando el artículo 50, un proceso tasado en dos años, pero cuya complejidad y el boicoteo de la Comisión Europea alargaron al máximo en el caso del Brexit.
El Brexit liberó a Gran Bretaña de la camisa de fuerza que imponen los Tratados de la UE y que impiden a los gobiernos de los Estados miembro hacer otra política.
¿Es éste el balance del Brexit?
Es evidente que la evolución reciente del Reino Unido, es desalentadora, por decirlo suavemente.
Algunos le atribuyen la rápida sucesión de primeros ministros que han dejado una sensación de crisis política y moral.
- 2022. Boris Johnson no supo capitalizar la salida de la UE y fue forzado a dimitir en 2022 por el Partygate y la revuelta de los ministros de su gabinete.
- 2022. Liz Truss, quien apenas duró tres meses tras presentar un presupuesto fiscalmente más expansivo. Su débil liderazgo fue aprovechado por el Banco de Inglaterra que toleró subidas de rendimientos de la deuda pública para crear una sensación de que los mercados financieros estaban al mando y desaprobaban su proyecto presupuestario en una acción rayana en el golpe de Estado.
- 2022-2024.Rishi Sunak, un billonario que tomó las riendas del partido conservador ya muy desacreditado tras años de mala gestión y deterioro de los servicios públicos. No nos debe inspirar lástima ya que en 2025 encontró empleo como asesor de Goldman Sachs.
- 2024-2026. Keir Starmer, un laborista de la tercera vía que conspiró para eliminar a Jeremy Corbyn, el único candidato laborista que había ilusionado a los votantes laboristas en los últimos años, acaba de renunciar tras llevar a su partido a la derrota electoral en varias elecciones locales y por su decisión de nombrar a Peter Mandelson como Embajador en EEUU, un implicado en el caso Epstein. El único legado de izquierdas que puede quedar de su gestión, si se culmina, es la nacionalización de los ferrocarriles.
Podríamos hablar de una degradación moral del sistema político británico. Pero, entonces ¿qué decir de la debilidad de los partidos en Alemania? ¿De los recientes escándalos de corrupción en España con un Koldo Ábalos en prisión, un ZP investigado o un Pedro Sánchez arrinconado por estos escándalos? ¿De la debilidad creciente de un Macron cada vez más desacreditado? Y si cruzamos el Atlántico, ¿qué podemos decir de la miseria moral de la presidencia de Trump?
Por el lado económico, el crecimiento ha sido anémico tras la pandemia, es cierto. No obstante, en los últimos meses el crecimiento se ha acelerado impulsado por el de los servicios y la construcción. Durante este año el Reino Unido ha tenido un crecimiento superior al de otros paíes del G7.

Por otra parte, si realmente la salida de la UE ha sido el causante de todos los males, sin duda, al resto de Europa le ha debido de ir mejor ¿no? Pues no. Con la excepción de España, el rendimiento de las principales economías ha sido mediocre y, en el caso de Alemania, adalid de las políticas de austeridad, desastroso, con dos años de crecimiento negativo en 2023 y 2024 y un crecimiento insignificante en 2025.

Crecimiento del PIB 2022-2025 principales economías europeas. Fuente: elaboración propia con datos del Banco Mundial.
Si el crecimiento de las grandes economías europeas ha sido mediocre ¿qué podemos decir de la situación de Grecia, cuyo PIB en términos reales sigue estando por debajo del alcanzado antes de la crisis de su deuda pública? El brutal ajuste impuesto por la Comisión Europea y el BCE destruyó la economía griega y ya llevan 16 años con un PIB inferior al de 2008. Los partidarios británicos del remain siempre olvidan lo que ocurrió con Grecia. ¿Deshonestidad?

Giremos la vista hacia los problemas de equidad. La creciente desigualdad del Reino Unido podría también ser citada como una consecuencia del Brexit. Si consultamos la web de Equality Trust, aprendemos que el Reino Unido es el 9º país más desigual de la OCDE. Si, es cierto que sus tasas de desigualdad superan a los de otros países europeos, si la medimos utilizando la tasa Gini.

Coeficiente Gini de algunos países europeos (fuente: OCDE https://www.oecd.org/en/data/indicators/income-inequality.html)
Pero de nuevo sería tramposo atribuir esta desigualdad al Brexit. El fenómeno arrancó realmente con el abandono de la socialdemocracia y la introducción de las políticas neoliberales por el thatcherismo, allá por los años 80. La pertenencia a la UE no hizo nada para mejorar la suerte de las clases populares en el Reino Unido, cuestión que podría explicar el apoyo al Brexit sobre todo en las zonas más depauperadas por la desindustrialización de los Midlands de Inglaterra.


En fin, los partidarios de la UE en el Reino Unido no han dejado de dar la matraca acerca de lo mal que le iría al RU fuera. La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria, cuyo nombre delata la naturaleza neoliberal de tal institución, análoga a nuestra AIReF, viene publicando todo tipo de tristes augurios sobre la economía del país. En su último informe de hace un año leíamos que el Brexit:
- «Reducirá la productividad a largo plazo en un 4 % en comparación con la permanencia en la UE.»
Sin embargo, leemos en la oficina de estadísticas económicas que la «estimación preliminar de la productividad laboral para el primer trimestre (enero a marzo) de 2026. Las estimaciones basadas en la Encuesta de Fuerza Laboral (EFL) indican que la producción por hora trabajada en el primer trimestre (enero a marzo) de 2026 fue un 0,4 % superior a la del primer trimestre de 2025, mientras que la producción por trabajador disminuyó un 0,1 % en comparación con el mismo período.
- «Tanto las exportaciones como las importaciones serán aproximadamente un 15 % inferiores a largo plazo que si el Reino Unido hubiera permanecido en la UE.»
Se trata de un contrafactual imposible de demostrar. Lo que sí podemos afirmar es que, tras caer en los dos años posteriores al Brexit, las exportaciones han vuelto a crecer. Difícilmente podemos hablar de una catástrofe.

- «Habíamos asumido que el nuevo régimen migratorio posterior al Brexit del Gobierno reduciría la migración neta hacia el Reino Unido, estabilizándose en 129.000 personas al año a medio plazo, según la variante de migración neta cero de la UE de la ONS, basada en las proyecciones de población de 2018 (véase el recuadro 2.4 de nuestro EFO de marzo de 2020). Desde entonces, hemos revisado al alza nuestras proyecciones de migración neta para reflejar la evidencia de una fortaleza sostenida en la migración desde la introducción del régimen migratorio posterior al Brexit. Ahora asumimos que la migración neta se estabiliza en 340.000 personas al año a medio plazo.»
Efectivamente, tiene cierta guasa que uno de los argumentos utilizados por la derecha probrexit no se haya cumplido. Pero a los autorres de ese infome ¿no se les escapa la ironía de que un saldo migratorio positivo indica que el país sigue siendo un lugar atractivo que atrae a población del resto del mundo?
No, el Reino Unido no tiene una crisis de deuda
Entre las mayores tonterías que se citan sobre las consecuencias del Brexit se cita el déficit fiscal y la creciente deuda pública. El Períódico ha tenido la osadía de titular en un artículo «La deuda británica vive su peor jornada desde 1998 tras el revés electoral de Starmer y el avance de Farage«. Efectivamente, el Reino Unido ya no está anclado por las absurdas reglas de deuda y déficit que lastran el crecimiento europeo. El endeudamiento británico alcanzó en 2025 la cifra de 147.593 millones de libras, cerca de un 5% de su PIB, una cifra escandalosa para los virginales oídos neoliberales, pero, perfectamente asumible para un país que disfruta de plena soberanía monetaria. La tasa de desempleo registrada del Reino Unido es del 4,9% ( ¡Ya quisiéramos en una España donde el «gobierno más progresista de la historia» celebra que este año alcanzaremos un superávit primario mientras la tasa de desempleo oscila en torno al 10%). Es una clara señal de que el déficit público del Reino Unido es insuficiente y que debería aumentar el gasto público.
En cualquier caso, no hay ninguna crisis de deuda. El Reino Unido emite la libra y su deuda pública está emitida en esa divisa. Es imposible que su deuda sea repudiada o que el gobierno británico no pueda atenderla a su vencimiento.
En cualquier caso, no hay ninguna crisis de deuda. El Reino Unido emite la libra y su deuda pública está emitida en esa divisa. Es imposible que su deuda sea repudiada o que el gobierno británico no pueda atenderla a su vencimiento.
Señalar al Brexit para exculpar al neoliberalismo
Hay que reconocerle a la panoplia de medios neoliberales una gran astucia para identificar como causantes de los males británicos al Brexit. Matan dos pájaros de un tiro. Por un lado, evitan señalar al auténtico culpable: la gestión inspirada por el neoliberalismo. Por otro, tratan de encandilar a la población británica menos informada para que apoye una vuelta a la UE y, a quienes peramenecemos en la UE, intentan convencernos de que debemos escarmentar en cabeza ajena. Pero la campaña europeísta es profundamente deshonesta porque ignora que el malestar es generalizado en el continente europeo. Ni el rendimiento del Reino Unido tras su marcha de la UE ha sido el desastre que pronosticaban los remainers, ni el de la UE es para tirar cohetes, especialmente en su economía más importante, Alemania.
¿Era el Brexit un proyecto de la ultraderecha británica?
El nuevo líder del Green Party británico, Zack Polanski, ha prometido que devolvería el Reino Unido a la Unión Europea. Es una lástima que un político que sí ha entendido algunos postulados de la Teoría Monetaria Moderan esté tan despistado por la cuestión de la UE. Ese posicionamiento pro TMM le ha granjeado las críticas de los economistas del partido laborista como Jo Mitchell, responsables de proponer la introducción de reglas fiscales en el programa económico del Partido Laborista. Debido a su propuesta de introducir una regla fiscal, Jo Mitchell es uno de los responsables de la descalificación de su partido como opción progresista. Celebramos que Polanski haya entendido que el Reino Unido, como emisor de la libra, puede utilizar las potentes herramientas fiscales para conseguir los objetivos medioambientales que propone. Quizá la cuestión de la migración haya inclinado a algunos progresistas a posicionarse a favor de la UE como posición de rechazo a la ultraderecha británica.
Recientemente nuestro compañero Eduardo Garzón ha denunciado que el Brexit ha sido un fracaso de la ultraderecha. Disiento del tono general del vídeo, aunque, al visionarlo, se manifiesta que se refiere fundamentalmente a la promesa de la ultraderecha británica de que el Brexit limitaría la inmigración neta. Efectivamente, la ultraderecha fracasó en su objetivo, lo cual, como he dicho, es positivo.
Pero el Brexit no fue un logro de la ultraderecha. Fue un objetivo del Partido Conservador, que evolucionó desde una temprana «eurofilia» al «euroescepticismo», un proceso que parece haberse intensificado durante el mandato de Margaret Thatcher. Irónicamente Thatcher percibía a la CEE como promotora de una burocracia excesiva, el estatismo y la injerencia en el mercado, y se oponía a las políticas de libre mercado que ella prefería. Se opuso vehementemente al Tratado de Maastricht y consideraba el proceso de integración como una traición al proyecto original de una asociación de estados con una regulación flexible, creada para facilitar el libre comercio, que se encaminaba hacia un federalismo burocrático bajo el control del eje franco-alemán. En 1990, Thatcher se mostró cada vez más hostil a la adhesión al Mecanismo Europeo de Tipos de Cambio, el sistema que establecía estrechas bandas de fluctuación en torno a un tipo de cambio central para cada moneda europea.
Thatcher estaba horrorizada de que su ministro de Hacienda, John Major, a quien veía como víctima de un lobby proeuropeo, se mostrara cada vez más entusiasmado con la integración en el Mecanismo Europeo de Tipos de Cambio y la Unión Monetaria Europea de Delors. Thatcher se vio obligada a dimitir en 1990 y fue sustituida por Major, quien impulsó la participación en el Mecanismo Europeo de Tipos de Cambio (Mecánico Europeo) como narra la propia Thatcher en su autobiografía. Sin embargo, cuando el Quantum Fund de George Soros inició un ataque especulativo contra la libra esterlina y otras monedas europeas, un episodio conocido como el «Miércoles Negro», el Banco de Inglaterra tuvo dificultades para sostener el tipo de cambio tras gastar más de 10.000 millones de libras de sus reservas internacionales. Alemania, responsable de desencadenar el episodio al subir los tipos de interés para contrarrestar el riesgo percibido de inflación derivado de la anexión de la República Democrática Alemana, no apoyó a las monedas en crisis. El Bundesbank se negó a apuntalar dichas monedas o a bajar los tipos de interés. Finalmente, el Banco de Inglaterra permitió que la libra fluctuara libremente y se depreciara un 13%, pero nunca más volvió a unirse a un régimen cambiario europeo. Para muchos, el «Miércoles Negro» se convirtió en el «Miércoles Blanco» porque fue el día en que Gran Bretaña recuperó su independencia política. El creciente euroescepticismo en las filas del Partido Conservador se vio impulsado por la creación del UKIP, el partido euroescéptico de Nigel Farage, que mermó el apoyo al Partido Conservador. La amenaza del UKIP parece haber inclinado la balanza a favor de la decisión del primer ministro Cameron de celebrar un referéndum con la esperanza de que validara la pertenencia del Reino Unido a la UE.
Por cierto, si nos preocupa la ultraderecha, recordemos que gobierna ya en Italia y es preocupante el avance de Vox en España. Eso nos debería hacer reflexionar acerca de la utilidad de la UE para vacunarnos contra esos partidos populistas. Además, nos equivocaríamos si pensáramos que el Brexit no fue un proyecto popular. La fisura que abrió el Brexit reveló que los individuos urbanos cosmopolitas de altos ingresos apoyaron la opción de permanecer. Parecería que los perdedores de la integración económica en los grandes bloques comerciales y de la globalización votaron por la salida. Muchos de ellos históricamente habían votado antaño por los laboristas. El Brexit fue tanto una reacción nacionalista como una crítica al neoliberalismo encarnado en la UE.
El Reino Unido ingresó en la CEE en 1973 bajo el gobierno conservador de Edward Heath. El ala izquierda del Partido Laborista, liderada por Michael Foot y Tony Benn, se opuso a la entrada en la CEE precisamente porque consideraba que hacía inviable un programa socialista. El Partido Laborista había prometido que la ciudadanía votaría sobre la adhesión, y se celebró un referéndum en 1975 tras su victoria electoral en las elecciones generales de 1974. Sin embargo, la dirección neoliberal del partido, primero bajo Denis Healey y luego bajo James Callaghan, llevaba años empeñada en derrotar al ala izquierda. El referéndum de 1975 sobre la adhesión a la CEE brindó a la dirección la oportunidad de infligir una derrota contundente y decisiva a la izquierda como narran Fazi y Mitchell, en Reclaiming the State: A Progressive Vision of Sovereignty for a Post-Neoliberal World (2017, p. 65). En la campaña por el Brexit el partido Laborista apoyó la causa de la permanencia. La pregunta, que deberíamos hacernos es ¿por qué la izquierda ha apoyado el proyecto neoliberal europeo? La respuesta nos obliga a concluir que los partidos de izquierdas han sido capturados por elites neoliberales, pero no entraré ahora en ese análisis.
Lo que ha fracasado es el neoliberalismo y su encarnación más completa, la Unión Europea, no el Brexit.
En resumen, el Brexit no es un fracaso sino una oportunidad perdida de salir de la verdadera pesadilla: el decadente proyecto neoliberal europeo. El neoliberalismo, una ideología hecha a la medida de las clases más afortunadas, está estancado en una profunda crisis moral, económica y política. Mientras tanto, China nos alcanza y deja atrás en muchos campos, entre ellos el de la investigación y la innovación; el de las infraestructuras; y en la reducción de la pobreza. Nuestros partidos socialdemócratas están profundamente desacreditados por su asociación al neoliberalismo cuando no directamente desaparecidos. El discurso xenófobo y ultraderechista cosecha victorias electorales incluso en España. Lo que ha fracasado es el neoliberalismo y su encarnación más completa, la Unión Europea, no el Brexit.
