Teoría

Economía de la divisa blanda: 24. Más sobre la inviabilidad del cómputo anticipado: Inelasticidad para la demanda de préstamos

Autor

  • Warren Mosler

    Warren Bruce Mosler es un economista estadounidense nacido el 18 de de septiembre de 1949.

    Después de obtener un grado en Economía de la University of Connecticut en 1971, Mosler ha llevado a cabo una carrera meteórica en el mundo de las finanzas. En cuanto a su carrera académica, tras casi veinte años de experiencia en operaciones financieras en los mercados de bonos y de divisas de todo el mundo, elabora en los años 90 el documento Soft currency Economics (1993), en lo que puede considerarse el punto de partida de la Teoría Monetaria Moderna.

    En 2010 publicó The 7 deadly innocent frauds of economic policy con un prólogo de James K. Galbraith , asesor económico del presidente de Estados Unidos Barack Obama. En este libro Mosler echa por tierra algunos de las falacias o mitos comunes, tanto a nivel de comprensión teórica como a nivel de política económica.

    En marzo de 2014 se unió a la Universidad de Bérgamo como profesor visitante, y en ese mismo año recibió el grado honorario en la Franklin College Switzerland de Lugano por “su destacada contribución en el campo de los estudios económicos”. En 2015 Mosler se uniría también como profesor visitante a la Universidad de Trento.

    Como fundador y uno de los principales exponentes de la MMT, Warren Mosler apoya y promueve el estudio, la difusión y la investigación académica y no académica en el campo de la economía. A través del Center for Full Employment and Price Stability (CFEPS) localizado en la University of Missouri – Kansas City , financia becas universitarias en proyectos de investigación económica y de colaboración con algunas de las universidades más prestigiosas de los EE.UU., Europa y Australia.

    El 18 de de noviembre de 2015 fue invitado para presentar un informe en el Parlamento Europeo: “Euro, the moment of truth”.

Enlace al índice de la obra.

La intermediación financiera se ha convertido en una institución sofisticada y esencial en la economía moderna. Los préstamos son una realidad práctica del crecimiento económico y la demanda de préstamos es muy inelástica a muy corto plazo. Incluso al variar las tasas de interés, el volumen de préstamos pendientes se ajusta en el margen, gradualmente. Muchos préstamos tienen una tasa fija y no se ven afectados por los cambios en las tasas de interés. A largo plazo, la demanda de préstamos y, por tanto, la demanda de reservas, se vuelven algo más elásticas a medida que las personas y las empresas responden a los cambios en las tasas de interés.

Muchos productos comparten la propiedad de la inelasticidad a corto plazo. Es decir, la demanda de estos bienes no cambia con un cambio en el precio del bien. Considérese, por ejemplo, la demanda de aire de un grupo de buzos. Si los buceadores tuvieran sus últimas bocanadas de aire y no pudieran salir a la superficie, seguramente estarían dispuestos a pagar cualquier precio por un tanque de aire. Las únicas opciones para los buceadores son comprar más aire o morir. El vendedor imaginario de aire podría fijar cualquier precio por su aire. La cantidad de aire, sin embargo, depende completamente de las necesidades de los buzos. Una vez que los buzos tienen suficiente aire, el aire adicional no tiene valor. Los compradores determinan la cantidad y el vendedor fija el precio. La inelasticidad de la demanda de reservas del sistema bancario es algo análoga a la demanda inelástica del aire de un buzo.

El banco central puede fijar el precio de las reservas, pero la cantidad la determina el sistema bancario. El mercado de reservas no es perfectamente inelástico porque el banco central permite cierto trasvase en el cómputo de reservas bancarias de un período a otro. Esta práctica permite a los bancos amortiguar parte de la volatilidad de sus posiciones de reserva, pero no cambia la naturaleza inelástica del mercado de reservas. Porfiar en obligar al mercado a aceptar menos préstamos de los demandados sería casi tan disruptivo como obligar a los buceadores a arreglárselas sin aire. El sistema bancario tendría que reducir sus préstamos pendientes obligando a los clientes a vender inmediatamente los activos financiados por el sistema bancario. La insensata dislocación de los activos provocada por la desintermediación forzada lo hace impensable. Los banqueros centrales que comprenden la naturaleza inmanejable de la cartera de préstamos del sistema bancario reconocen la necesidad de un cómputo desfasado de reservas. Un enfoque sensato para cambiar la oferta monetaria utiliza un cambio en el tipo de interés interbancario para lograr gradualmente el resultado deseado.

Traducción de Stuart Medina Miltimore

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