Publicado originalmente en el substack Think BRICS.
Warren Mosler, padre fundador de Mosler Economics y cofundador junto con William Mitchell de la TMM, merece el Premio Nobel de Economía.
Warren Mosler, fundador de Mosler Economics y cofundador de la Teoría Monetaria Moderna (TMM) con William Mitchell, es una figura clave en la remodelación del pensamiento económico. A pesar de anticiparse correctamente a las crisis económicas y aportar soluciones a través del gasto deficitario, aún no ha recibido un Premio Nobel. La principal contribución de Mosler es la identificación de la moneda como un monopolio estatal, ofreciendo una explicación clara para el desempleo involuntario: se deriva de que el gobierno no gasta lo suficiente en relación con sus demandas tributarias y los deseos de ahorro del sector privado.

Sus ideas ayudaron a integrar la soberanía monetaria en el marco de estabilización del empleo propuesto por Mitchell, dando origen a la idea central de la TMM: una Garantía de Empleo para asegurar el pleno empleo. La obra de Mosler demuestra que los impuestos crean desempleo al obligar a las personas a buscar trabajo remunerado en la moneda del estado, y que solo el gasto público puede cerrar la brecha entre los impuestos adeudados y la moneda disponible.
Redefine la divisa como un crédito fiscal en lugar de simple medio de intercambio, mostrando que el gobierno, como emisor monopólico, establece el nivel de precios a través de su gasto. Por lo tanto, el desempleo y la inestabilidad de precios son opciones políticas, no necesidades económicas. Mosler también explica que las tasas de interés más altas, contrariamente a la creencia general, son inflacionarias y regresivas, ya que aumentan los déficits gubernamentales y los activos financieros del sector privado.
En última instancia, la TMM de Mosler ofrece un marco científico para comprender las economías modernas, enfatizando que los déficits, las deudas y el gasto público son herramientas para la prosperidad, no amenazas. Su visión podría mejorar radicalmente la gestión económica mundial y promover la paz, lo que le valdría no solo el Premio Nobel de Economía, sino también el de la Paz.
Warren Mosler, pionero de la TMM: el economista que merece un Nobel
Más de 30 años después de la publicación de Economía de la divisa blanda (1993), y después de múltiples crisis —cada una de ellas predicha con precisión y finalmente resuelta a través de intervenciones gubernamentales financiadas con déficit, como él había sugerido—, es legítimo preguntarse por qué Warren Mosler, padre fundador de Mosler Economics y cofundador, junto con William Mitchell, de la ahora bien conocida Teoría Monetaria Moderna (TMM), aún no ha sido galardonado con el Premio Nobel de Economía.
William Mitchell ya venía desarrollando, desde mediados de la década de 1980, su propio marco teórico centrado en la ‘reserva estabilizadora de empleos’ (REE), que más tarde evolucionaría hacia la Garantía de Empleo.
Cabe destacar que, incluso en esta etapa temprana, su trabajo representó un avance conceptual y un avance significativo más allá del modelo IS-LM, desafiando su enfoque de equilibrio estático y su dependencia de los ajustes de las tasas de interés como herramienta principal de política. Su marco reconocía implícitamente que el Estado podía estabilizar activamente los niveles de empleo, eludiendo así la disyuntiva tradicional entre inflación y desempleo. Fue precisamente esta trayectoria intelectual la que hizo que el encuentro entre Mitchell y Mosler fuera particularmente transformador. Cuando Mitchell conoció las percepciones de Mosler sobre la soberanía monetaria y el monopolio estatal sobre la emisión de dinero, la conexión fue inmediata.
El marco de Mosler proporcionó el fundamento teórico hasta entonces ausente que permitió a Mitchell integrar completamente la soberanía monetaria en su modelo de estabilización del empleo, lo cual condujo al desarrollo de lo que ahora reconocemos como Teoría Monetaria Moderna, con la Garantía de Empleo como uno de sus puntales.
Con el tiempo, un número significativo de economistas prominentes es unieron a sus esfuerzos, contribuyendo al establecimiento de un corpus de investigación económica sólido y científicamente riguroso.
Este documento, sin embargo, se centra exclusivamente en la contribución de Warren Mosler a la emancipación del pensamiento económico, en particular su percepción crucial de la moneda como monopolio estatal y sus implicaciones de largo alcance. Su explicación matemática del fenómeno del desempleo involuntario —tema de debate secular sobre sus orígenes entre keynesianos, poskeynesianos y economistas clásicos— representa una novedad revolucionaria en el campo de la ciencia económica. Ofrece el potencial de abordar una de las mayores fuentes de sufrimiento de la humanidad y sirve como piedra angular para enfrentar el advenimiento de la robótica y la inteligencia artificial sin temer el impacto excluyente sobre muchos trabajadores.
Al presentar sus teorías sobre el funcionamiento del dinero y los sistemas monetarios modernos a lo largo de los años, el economista estadounidense nunca ha pretendido inventar algo nuevo. En cambio, ha sido el único que ha identificado la moneda como un monopolio estatal, descifrando y aclarando con éxito temas que los principales medios de comunicación, la política y los economistas describen regularmente como problemas. Estos incluyen las deudas públicas, los déficits gubernamentales y el miedo siempre presente a una inflación descontrolada. La falta de empleo y el consiguiente desempleo involuntario son, sin lugar a dudas, la raíz de todos los problemas que caracterizan a los sistemas económicos monetarios. Al parecer, esta conciencia se extendió incluso a muchos de los padres fundadores de las naciones modernas, como lo demuestra el hecho de que numerosas constituciones modernas, entre ellas la española, sitúan el trabajo entre los principios fundamentales del Estado, garantizando el derecho al empleo de sus ciudadanos. A lo largo de los años, ni los economistas postkeynesianos ni los neoclásicos han sido capaces de proporcionar una explicación completa de los orígenes del desempleo. Aunque algunos se acercaron, ninguno de ellos logró conectar los puntos para entregar la explicación definitiva que ahora tenemos gracias a Mosler.
Los economistas tradicionales de la época de Keynes, al desarrollar sus modelos, llegaron a la conclusión de que en un mercado plenamente competitivo no existiría el desempleo. Por lo tanto, el desempleo podría atribuirse a una competencia imperfecta, derivada de la presencia de monopolios que restringían la oferta por el lado de la producción. En contraste, Keynes argumentó que el desempleo masivo podría persistir incluso en ausencia de monopolios debido al funcionamiento intrínseco del sistema monetario, lo que puede conducir a una debilidad persistente en la demanda agregada. Este debate sigue en tablas hogaño, con unos neokeynesianos tradicionalistas que modelan “rigideces en salarios y precios» para explicar el desempleo persistente, argumentando que no existiría si la flexibilidad de salarios y precios permitiera que el mercado laboral se liberalizara.
Identificar la moneda como un monopolio público, como lo define Warren Mosler, resuelve este problema de inmediato. El desempleo se identifica como la consecuencia de que un monopolista restrinja la oferta de moneda. El desempleo, por lo tanto, se convierte en evidencia de que el Estado no ha gastado lo suficiente para cubrir la necesidad de pago de impuestos y para satisfacer el deseo de ahorro del sector privado. Tanto Keynes como los clásicos tenían razón, aunque sus descendientes intelectuales, hasta el día de hoy, continúan entablando un diálogo de sordos. Esto se debe a que no logran dar cuenta de la pieza ausente en su pensamiento, que ha sido revelada actualmente por Mosler.

De acuerdo con el aserto clásico, el desempleo surge de un monopolio que restringe la oferta, mientras que la perspectiva de Keynes ubica la restricción dentro del funcionamiento del sistema monetario. Keynes describió correctamente el funcionamiento del sistema monetario, pero no lo identificó explícitamente como un caso de monopolio público. Los clásicos siguen centrándose en la restricción desde el lado de la oferta, sin advertir que sólo el monopolista de la moneda puede regular la demanda agregada. El marco analítico propuesto por Mosler, que considera la moneda como un monopolio estatal, proporciona las herramientas para abordar todas las críticas dirigidas a la Teoría Monetaria Moderna (TMM).
Los críticos a menudo descartan la TMM como incompleta o incluso absurda, particularmente cuando aboga por el pleno empleo, argumentando que no considera todos los elementos que constituyen la llamada cadena de valor. La economía política siempre ha buscado responder a la pregunta: ¿Cuál es la fuente del valor? Las respuestas han variado ampliamente, desde la escasez de bienes disponibles, hasta su utilidad, pasando por la necesidad de remunerar los factores de producción —incluido el capital— y considerar su remuneración —los beneficios— como recompensa a la abstinencia del capitalista, que puede permitirse renunciar al consumo para emplear productivamente su riqueza, y así sucesivamente.
Según el trabajo de Mosler, la teoría del valor opera principalmente sobre dos aspectos fundamentales: el valor del sistema monetario para la sociedad y la determinación de los precios nominales. Si bien dedica solo una breve discusión al primero, el segundo se aborda ampliamente, con el dinero modelado como un crédito fiscal en lugar de simplemente una unidad de cuenta, como se ha entendido históricamente. A través de esta lente, los patrones oro históricos y las teorías del valor del trabajo se ven como casos particulares de una teoría general. Dentro de este marco, las fallas inherentes en la comprensión de las operaciones monetarias han socavado indudablemente los intentos pasados y presentes de determinar el valor.
En cuanto al valor a nivel macro del sistema monetario para la sociedad, no hay duda de la validez de la idea de Mosler. Comienza con la voluntad del Estado de proveerse, en general y para fines específicos, de infraestructura pública para fines públicos. Esto incluye la infraestructura pública que apoya la visión del Estado para el marco socioeconómico del sector privado, incluida la estructura institucional dentro de la cual operan los mercados. La fuerza motriz, como se mencionó, son las obligaciones fiscales coercitivas (créditos fiscales/moneda) que crean vendedores de bienes y servicios en esa moneda, que es un monopolio estatal y es utilizada por el estado para adquirir todo lo que necesita. El sistema monetario, como explica perfectamente Mosler, es políticamente neutral y describe todas las variedades posibles de estructuras institucionales y socioeconómicas, desde el socialismo, donde el Estado es propietario de los medios de producción, hasta el capitalismo, que apoya la propiedad privada de los medios de producción.
Independientemente de los partidos políticos o escuelas de pensamiento que den forma a sus ideales, el valor que la sociedad asigna al sistema monetario está directamente relacionado con la percepción que la población tiene de su valor. Aunque subjetivo, este valor está continuamente sujeto al juicio del electorado, a los cambios continuos del gobierno y al debate constante. En cuanto al segundo aspecto, la determinación de los precios nominales, Mosler destaca cómo, históricamente, el ‘valor relativo’ se refiere a la forma en que se intercambian bienes y servicios entre sí, mientras que el ‘precio nominal’ se refiere a los precios específicos expresados en una moneda determinada. La conclusión de este análisis revela que el valor de todos los bienes y servicios, incluidos los intangibles, se expresa necesariamente en términos relativos.
Mosler destaca cómo la búsqueda de la fuente del nivel de precios ha sido continua durante décadas. Los economistas actuales de los bancos centrales modelan el intercambio de bienes y servicios, tratando el nivel de precios nominales como un insumo numérico exógeno —en esencia un supuesto. El punto de partida, por ejemplo, suele ser algo así como “los precios al cierre de ayer”. A partir de ahí, los modelos intentan explicar qué impulsa los cambios en los precios y el nivel general de precios. Sin embargo, no hay una determinación de la fuente del nivel de precios más allá de su contexto histórico, lo que lleva a una regresión infinita.
Mosler señala que la ‘Teoría Fiscal del Nivel de Precios’ es un ejemplo reciente de un intento fallido porque no resolvió este dilema de regresión infinita. Continuando con el análisis de la determinación del precio nominal, un elemento clave es la identificación de los créditos fiscales como activos intangibles. Las monedas modernas emitidas por los Estados funcionan como créditos fiscales, registrados como pasivos de la entidad emisora y activos intangibles del tenedor. Como tales, señala Mosler, encajan dentro del mismo marco analítico que los bienes, servicios, materias primas y otros activos. Por lo tanto, un precio nominal es la expresión del valor relativo entre los créditos fiscales (unidades de moneda) y los bienes y servicios, entre otros artículos, que se cotizan y se expresan en términos de estos créditos fiscales.
Aquí volvemos a la percepción de Mosler: cuando la moneda misma se modela como un monopolio público, los créditos fiscales gastados por el Estado existen como activos intangibles, con el Estado como único proveedor y, por lo tanto, como fijador de precios cuando gasta. No existe un patrón de valor invariante. La fijación de precios del Estado cuando gasta establece los términos de intercambio entre sus créditos fiscales y los objetos de su gasto. Las fuerzas del mercado, en el contexto del resto del marco institucional del Estado, utilizan esta información para determinar el valor de esos créditos fiscales en relación con otros bienes y servicios.
Aquí, la fuente del desempleo comienza a tomar una forma clara dentro del marco de Mosler. Como hemos visto, las obligaciones fiscales están diseñadas para crear vendedores de bienes y servicios que buscan créditos fiscales aplicables a cambio, iniciando así el proceso de gasto estatal. De este modo, se identifican las obligaciones fiscales como la causa directa de lo que definimos como desempleo: personas en busca de un empleo remunerado. No puede haber otra causa de desempleo. Sin obligaciones tributarias, no hay una divisa estatal operativa y, por lo tanto, nadie busca empleo a cambio de unidades de esa moneda. En términos simples, los impuestos crean desempleo involuntario.
Lo menos que puede hacer un Estado democrático moderno en estos casos es implementar un programa de garantía de empleo para compensar el déficit monetario causado por los impuestos.
En sus trabajos, Mosler también esboza, de manera esquemática, la secuencia adecuada de la historia del dinero y su movimiento dentro del sistema económico:
- Un Estado desea proveerse;
- Las obligaciones fiscales crean vendedores de bienes y servicios reales (desempleo);
- El Estado entonces se provee a sí mismo gastando su moneda, comprando bienes y servicios, y contratando a aquellos a quienes sus obligaciones fiscales han dejado desempleados, suministrando así los fondos necesarios para pagar impuestos y lograr ahorros netos;
- Se pagan los impuestos y los fondos excedentes recibidos permanecen como ahorros netos/deuda pública.
Esta secuencia, en la que el gasto estatal precede necesariamente a la recaudación, se aparta de los modelos económicos tradicionales que parten de la recaudación de impuestos y asumen que el gasto público está limitado por los ingresos, lo que implica un riesgo de insolvencia. Con el modelado adecuado de la secuencia, tal como lo describe Mosler, los temores a la insolvencia estatal se vuelven irrelevantes.
En este punto, se hace evidente, a través de la reconstrucción del sistema monetario de Mosler, que el sector público se identifica como una economía planificada. La tributación coercitiva se traduce en una economía planificada que sirve para proveer al gobierno y apoya el marco institucional del Estado, dentro del cual operan los mercados y el capitalismo, si se les permite.
Por ejemplo, si el estado desea mantener un ejército, la sociedad producirá y ofrecerá los soldados y el equipo que el estado desea adquirir; De lo contrario, se enfrentará a las consecuencias de no liquidar sus obligaciones fiscales. El mismo principio se aplica a todas las demás compras estatales necesarias para proporcionar infraestructura pública, incluido el sistema legal, la atención médica pública, las iniciativas educativas, los proyectos de transporte y más. El sector privado controla los recursos restantes, aunque éstos siguen estando sujetos a normas y reglamentos estatales adicionales.
Mosler enfatiza que los recursos controlados por el gobierno son una opción política, y, si bien, el sistema monetario es una herramienta para abastecer al gobierno, no proporciona información útil para tomar esas decisiones. Llegados a este punto, queda suficientemente claro cómo el papel del gobierno es fundamental para la función de la distribución del ingreso. Esta función, empezando por la forma en que se estructuran los pasivos fiscales del gobierno (como explica ampliamente Mosler), está integrada en el marco institucional. Con obligaciones fiscales suficientemente exigibles, el gobierno puede contratar directamente a personas con los salarios que elija, ya sean ejecutivos o trabajadores, hasta el punto en que el gasto público coincida con la necesidad de pagar impuestos y el deseo de ahorrar. Al mismo tiempo, el gobierno también puede licitar contratistas e incluso especificar sus márgenes de beneficio y la compensación de los empleados. Además, el gobierno puede exigir licencias comerciales que, de forma parecida, especifiquen lo que las empresas están autorizadas a hacer y cómo pueden operar. Los ingresos en sí mismos se miden en créditos fiscales, con el Estado como emisor de sus obligaciones fiscales, definiendo y fungiendo como el único proveedor de lo que se requiere para el pago de impuestos. Por lo tanto, desde el principio, la distribución de los ingresos en moneda estatal está completamente bajo el control del Estado. Cualquier desviación del control estatal se deriva del marco institucional del Estado y está sujeta a modificaciones continuas por parte del Estado, presumiblemente para servir a fines públicos. Las obligaciones tributarias son coercitivas y continuas. Establecen un drenaje perpetuo de la riqueza nominal de la comunidad, que tiene un impacto psicológico profundo y generalizado en la población y las relaciones dentro de ella.
La dependencia continua de los ingresos nominales crea ansiedades y temores que dominan e influyen en el comportamiento, lo que a menudo conduce a acciones egoístas, antisociales y, con demasiada frecuencia, destructivas o criminales. Este es un punto crucial que pone de manifiesto la importancia de comprender, incluso a nivel social, el buen funcionamiento y la verdadera naturaleza vertical del dinero. Esa comprensión es esencial para reducir al mínimo las situaciones de penuria, que a menudo son las causas fundamentales de los delitos más atroces. Las explicaciones proporcionadas por Mosler sobre el sistema monetario y su visión de la moneda como un monopolio público pusieron fin a los intentos pasados y presentes de ver al Estado como un mero usuario de moneda.
Del comunismo al capitalismo, pasando por el socialismo y el neoliberalismo actual, ninguno de estos sistemas puede funcionar sin el monopolio público del dinero. Sobre la base de las explicaciones de Mosler, queda claro que el capitalismo existe sólo dentro del marco institucional más amplio del Estado. Las ganancias obtenidas por los capitalistas son los rendimientos de poseer los medios de producción y representan la fuerza impulsora detrás del deseo de poseer esos medios. En una economía monetaria, la motivación del capitalista es aumentar la riqueza nominal. Esto se ve facilitado por el apoyo estatal a los medios para aumentar la riqueza nominal del capitalista, una vez más, presumiblemente sirviendo a un propósito público. Este apoyo comienza con la protección legal de la propiedad y los derechos de propiedad, una estructura corporativa con responsabilidad limitada y respaldo financiero que incluye liquidez patrocinada por el Estado a través de un sistema bancario regulado por el Estado. El capitalismo y su trayectoria prevista, como bien afirma Mosler, son, por lo tanto, una función de la política de Estado.
Profundizando en el concepto de las ‘rentas’, Mosler establece y explica claramente cómo estas rentas surgen de la propiedad de bienes raíces sancionada por el estado, junto con las protecciones estatales de esa propiedad, que permiten al propietario designado cobrar y recibir pagos de rentas. Se puede suponer que este acuerdo sirve mejor al propósito público que la propiedad estatal de los bienes inmuebles. Sin embargo, la mayoría de las veces, la propiedad privada yace dentro de los parámetros establecidos por el Estado. Estos incluyen impuestos sobre la propiedad, reglamentos urbanísticos, derechos contractuales con respecto al alquiler y el arrendamiento, desahucios, etc., todos los cuales sirven al propósito público más allá del presunto beneficio público de la propiedad privada sobre la propiedad estatal. Sin embargo, no todos los inmuebles están designados como propiedad privada, ya que los Estados mantienen la propiedad pública de bienes raíces considerables cuando se estiman útiles para los fines públicos. Por tanto, el valor de las rentas, medido en términos de rendimientos para los propietarios por el uso de su propiedad, es también una función del marco institucional, sujeto a cambios continuos, presumiblemente de nuevo, al servicio de fines públicos. El valor de las rentas no existe independientemente del marco institucional del Estado. Lo que se puede observar y calcular como el valor de la propiedad de las rentas son las consecuencias de las rentas que se desprenden de la estructura institucional.
Llegados a este punto, está claro que la tarea de lograr el tan deseado equilibrio entre renta y trabajo en la escala social de las personas está indispensablemente encomendada a gobiernos que ostentan el monopolio de la divisa. Según la teoría de juegos, la disparidad de poder en lo que se llama el «mercado laboral» significa que, sin apoyo externo, los salarios caerán a niveles de subsistencia. Esto lo entendió perfectamente el hombre que es unánimemente considerado como el primero de los economistas clásicos, el filósofo y economista escocés Adam Smith:
«Un terrateniente, un granjero, un maestro manufacturero, un comerciante, aunque no emplearan a un solo obrero, podían vivir generalmente uno o dos años con las existencias que ya habían adquirido. Muchos obreros no podrían subsistir una semana, pocos podían subsistir un mes, y casi ninguno un año sin empleo. A la larga, el obrero puede ser tan necesario para su amo como su amo lo es para él; Pero la necesidad no es tan inmediata».
Como ya se ha dicho, es necesaria una política de Estado para cambiar este resultado. Un programa de empleo garantizado, por ejemplo, puede implementarse para respaldar los salarios reales en un mínimo políticamente deseado. Mosler, a pesar de las esquivas críticas de quienes nunca han leído nada de su obra, define a la perfección la teoría del valor-trabajo.
Para el fundador de ME-TMM, toda producción es el producto de alguna forma de esfuerzo humano, que los economistas llaman trabajo.
De esto se deduce que hay una cantidad de horas de trabajo requeridas para la producción de bienes y servicios. Dado un precio por una hora de trabajo, es posible calcular los costos nominales de los bienes y servicios, incluyendo el trabajo empleado en todos los insumos para los productos finales. Cualquier precio por encima de este representa una ganancia para el capitalista que posee los medios de producción, lo que se llama plusvalía. Y si se trata de alquileres, parte del excedente va al propietario del inmueble.
Los relatos políticos generalmente se centran en los capitalistas y propietarios que explotan a los trabajadores. Sin embargo, toda la estructura es creada por el gobierno, presumiblemente para servir a un propósito público, y está sujeta a cambios continuos por parte del gobierno, que luego asume la responsabilidad de sus decisiones. El gobierno debe tomar decisiones.
En última instancia, sin ganancias, no habrá capitalistas, y sin rentas, no habrá propiedad inmobiliaria. En cambio, el Estado será propietario directo de los medios de producción y de los bienes raíces asociados. Si la política pública da como resultado que los alquileres y las ganancias sean demasiado altos, entonces el Estado crea una clase privilegiada de propietarios de altos ingresos que cobran rentas, junto con una clase de trabajadores de bajos ingresos que hacen todo el trabajo. En este contexto, también se incluye el valor de la organización, ya que la producción y el crecimiento económico están en función de las horas de trabajo y la productividad, definida como la producción por hora de trabajo. Sin aumentos de productividad, seguiríamos siendo cazadores y recolectores.
En nuestra modesta opinión, la comprensión de Mosler de la divisa como un monopolio estatal es comparable a la revolución copernicana, al colocar al Estado en el centro del sistema económico.
Otro ejemplo muy reciente de la interpretación acertada de Mosler de los sistemas monetarios es el caso de los tipos de interés. Todas las escuelas de pensamiento salvo la TMM consideran una subida de los tipos de interés por parte del banco central como una operación de política monetaria restrictiva. Mosler nos explica que, por el contrario, un aumento de la tasa de interés es una maniobra expansiva e inflacionaria, además de altamente regresiva. De hecho, al subir las tasas, el banco central provoca un aumento en el déficit público, aumentando así los activos financieros netos del sector privado, permitiendo una mayor capacidad de gasto, sin requerir un aumento equivalente en la producción, como sucedería con un programa de empleo garantizado.
Cuanto más se profundiza en el pensamiento de Mosler, mejor se comprende la realidad que nos rodea. Muchos de los «mitos» que han surgido gradualmente debido a la incomprensión del funcionamiento del sistema monetario y su dinámica —a menudo presentados como leyes naturales diseñadas para obstaculizar el desarrollo y el bienestar material de las personas— se desvanecen como la nieve al sol cuando se analizan a través de la lente de ME-TMM. Por mencionar algunos: la curva de Phillips, la ley de Thirlwall, el pecado original, el problema de la sostenibilidad de la deuda pública, el tema del déficit comercial y las subidas de tipos de interés para combatir la inflación. En definitiva, la ME-TMM, tal y como la presenta Mosler, ofrece nuevos horizontes institucionales que, en nuestra opinión, serán cada vez más adoptados por los políticos y, en consecuencia, aceptados por el mundo académico. Esto es significativo, teniendo en cuenta que la academia todavía condena al ostracismo a la TMM, particularmente a Mosler, ya que él, al igual que Keynes, no era un académico profesional. En este sentido, Warren Mosler se erige sin duda como el pensador económico más importante de los últimos 50 años. Si bien es innegable que pensadores como Marx y Keynes han dejado una huella profunda, Mosler es quien, más que ningún otro, permite por primera vez una lectura nítida de la realidad.
Concluyamos resumiendo los puntos clave de la Mosler Economics Teoría Monetaria Moderna (ME-TMM) de Warren Mosler:
- La divisaa es un monopolio estatal. El Estado crea moneda cuando gasta y destruye moneda cuando cobra impuestos;
- El desempleo involuntario es siempre una consecuencia de déficits insuficientes por parte del monopolista;
- En lugar de centrarse en el valor numérico del déficit, el Estado debería ofrecer un programa de empleo garantizado;
- La tasa de interés natural es cero; las tasas de interés positivas son expansivas, regresivas e inflacionarias;
- El nivel de precios de un país está determinado por el Estado, el emisor monopólico de la moneda;
- La emisión de títulos de deuda pública es un legado del patrón oro; con una tasa de interés cero para siempre, debería cesar de inmediato;
- La tributación debe ser mínima y no regresiva, por ejemplo, un impuesto a la propiedad;
- Las garantías de los depósitos bancarios deben ser ilimitadas para ser compatibles con un tipo de interés cero permanente;
- Los bancos comerciales deben tener la capacidad de crear dinero, pero exclusivamente para actividades reales no financieras, a fin de evitar el parasitismo excesivo del sector financiero y la aparición de burbujas especulativas y la inestabilidad conexa;
- Para implementar estos puntos, se requiere la inconvertibilidad total de la moneda, es decir, un tipo de cambio flexible.
Es importante aclarar que la TMM no es algo que se deba “adoptar”, sino más bien una descripción precisa y científica de cómo funciona el sistema monetario moderno. La verdadera innovación de Mosler, por lo tanto, radica no solo en la teoría en sí, sino también en las recomendaciones prácticas que se derivan de la comprensión de estos mecanismos. Si los gobiernos aplicaran estos principios, podrían lograr resultados extraordinarios en términos de pleno empleo, bienestar social y gestión económica.
El valor de la TMM radica en hacer visible lo que ya ocurre en el sistema monetario moderno y en proporcionar un marco conceptual que permita el uso inteligente y sostenible del poder de emisión de divisa, promoviendo la prosperidad sin miedo a la deuda o los déficits, a la vez que se mantiene ojo avizor sobre la inflación.
La visión de Mosler sobre la contabilidad del Tesoro y del Banco Central es el núcleo científico de la TMM, que tiene el potencial de reescribir las reglas de la política económica mundial. Es un enfoque científico que desafía muchas de las creencias tradicionales sobre la deuda, el gasto público y la inflación. Por ello, merece un reconocimiento, como el Premio Nobel de Economía.
Keynes escribió: «Los hombres prácticos, que se creen completamente exentos de cualquier influencia intelectual, suelen ser esclavos de algún economista difunto». Sin embargo, esta máxima no se aplica a Warren Mosler, por la sencilla razón de que su intuición surge de un minucioso análisis contable de las operaciones entre el tesoro, el banco central y el sistema bancario, independientemente de cualquier teoría económica. Cabe destacar que Mosler no basó su enfoque analítico en teorías preexistentes, sino que creó un marco analítico completamente nuevo que, por coincidencia, valida y, de hecho, aclara en detalle el papel del Estado en la economía para reducir el desempleo, tal como lo explicó Keynes. Si tenemos que hablar de influencias, lo que puede ser un juego peligroso, podríamos decir entonces que la TMM es la obra de un pensador que, a lo largo de una larga carrera, pagó su deuda con los grandes pensadores que le precedieron con su último trabajo sobre la teoría del valor.
Sobre la base de lo aquí presentado, sostenemos decidida y resueltamente que el reconocimiento mínimo al genio de Warren Mosler sería un doble Premio Nobel —uno obviamente de economía, y otro de la paz— porque la adopción de sus recomendaciones económicas tendría un impacto significativo en el proceso de pacificación, tanto a nivel nacional como internacional.
Esperamos que este escrito encuentre un público receptivo dentro de las más altas instituciones y animamos a los lectores a hacer un uso valioso de él.
Firmado por : Roberto Bazzichi, Fabio Bonciani, Olindo Cervi, Alex Cerroni, Francesco Chini, Dirk H. Ehnts, Yan Liang, Stuart Medina Miltimore, Riccardo Naldi, RED MMT España, Think Brics
