Capítulo extraído de La Moneda del Pueblo, publicado en la editorial El Viejo Topo
Un aspecto mal comprendido del sistema monetario es el de las reservas bancarias, que no son más que las cuentas que los bancos mantienen en el banco central.
Los bancos utilizan cuentas de reservas, que son simplemente depósitos que mantienen en el banco central y que no son muy diferentes de las cuentas corrientes y de los depósitos que usan los ciudadanos y empresas. Estas cuentas son un pasivo del banco central y un activo de las entidades financieras. Podemos decir que el banco central es el banquero de los bancos.
Los bancos procurarán minimizar el nivel reservas porque estas cuentas no ofrecen más rentabilidad que la que quiera pagar el banco central. Sin embargo los bancos necesitan mantener un saldo mínimo de reservas. En primer lugar por una exigencia del regulador [1]. Además los bancos pueden mantener un cierto nivel de reservas para asegurar un mínimo de liquidez. Estas reservas sirven para que los bancos compensen pagos entre ellos y con el Tesoro. Supongamos que un banco A tiene que depositar en cuentas de sus clientes transferencias y cheques procedentes de otro banco B. A su vez el banco B tiene que hacer lo propio con medios de pago procedentes del banco A. Periódicamente, por ejemplo una vez al día, los bancos llevan los pagos y cobros pendientes de procesar a una cámara de compensación donde se calculará la posición neta que cada banco tiene respecto a las demás entidades bancarias participantes. Si tras saldar esas posiciones, el banco A adeuda al banco B, el importe pendiente se liquida con una orden de trasferencia desde su cuenta de reservas en el banco central a la cuenta de reservas que mantiene el banco B.

Ilustración 1. Pago a través del sistema de reservas
Periódicamente los bancos tienen que calcular su posición de reservas. Existe un período de computo o de mantenimiento de reservas mínimas que, en el caso de las entidades de la zona euro, se establece en 6 a 7 semanas. Al finalizar el período de cómputo de la posición de reservas algunos bancos pueden encontrarse con una insuficiencia de reservas mientras que otros pueden tener un excedente. Existe un mercado interbancario que permite que los bancos se presten reservas entre sí. Un banco puede acceder a más reservas de esta manera. Pero el sistema bancario en su conjunto no puede aumentar o disminuir el total de reservas existentes. Solo las operaciones fiscales del gobierno y las operaciones del banco central pueden variar su nivel. Si, por ejemplo, las exigencias de nivel de reservas en todo el sistema bancario son de 100 mil millones de euros pero al final del período de cómputo solo hay 95 mil millones al menos un banco incumplirá el requisito legal. Solo el banco central puede cerrar esa brecha y lo hará si no quiere provocar el colapso del sistema de pagos bancarios. Si un banco necesita aumentar sus cuentas de reservas siempre podrá acudir al banco central si no puede conseguirlas en el mercado interbancario. Al igual que los bancos pueden crear nuevos depósitos también el banco central tiene la capacidad de crear nuevas cuentas de reservas. Los bancos centrales suministrarán el volumen de reservas que sea compatible con su objetivo de tipos de interés y además asegure la estabilidad del sistema de pagos. Si el banco central se negara a suministrar nuevas reservas los bancos deficitarios tendrían que realizar otros activos en los que mantienen posiciones vendiéndolos precipitadamente, lo cual podría desestabilizar los mercados financieros, o pedir a sus clientes la devolución anticipada de préstamos y créditos para reducir el importe de sus depósitos, lo cual podría causar problemas de solvencia y liquidez en la economía.
Las reservas bancarias forman parte de lo que se llama la ‘base monetaria’, que está constituida además por las monedas y billetes de curso legal en manos del público. Un error conceptual frecuentemente difundido por la prensa y algunos economistas es la creencia de que un banco capta cuentas de reservas creadas por el banco central para prestarlas a sus clientes. Las cuentas de reservas solo pueden ser utilizadas entre bancos que son miembros del banco central.
Para entender el proceso de creación de nuevas reservas analicemos una versión esquelética del balance de un banco central:
Activo (A)=Reservas (R) + Billetes en circulación (B) + Depósitos del Tesoro (DT)
Además de mantener las cuentas de reservas de los bancos los bancos centrales emiten los billetes de banco y mantienen los depósitos del Tesoro (el Tesoro Público [2] es un departamento del Ministerio de Hacienda que tiene encomendadas las funciones de gestión de la tesorería del Estado y ordenación de pagos).
Los cambios en el balance del banco central se pueden representar con la siguiente ecuación:
ΔA=ΔR+ΔB+ΔDT;
donde la letra griega D indica una variación de la variable a la que acompaña.
Si queremos estudiar los cambios en las cuentas de reservas podemos reordenar la expresión anterior de la siguiente manera:
ΔR=ΔA-ΔB-ΔDT
Por tanto las reservas de los bancos centrales crecen (decrecen) cuando
- aumentan (reducen) sus activos,
- el público reduce (incrementa) las cantidades de efectivo que desea mantener o
- el gobierno reduce (aumenta) sus depósitos en el banco central cuando ordena transferencias al (recibe transferencias del) sector privado.
Este último mecanismo forma parte de lo que denominamos ‘trayecto vertical del dinero’. Cuando el estado hace un pago normalmente da una instrucción para que se adeude la cuenta que mantiene el Tesoro en el banco central y se abone la de su acreedor como haríamos cualquiera de nosotros al ordenar una transferencia a un proveedor o acreedor. Esta instrucción genera un par de apuntes contables intermedios en el banco central: se adeuda el depósito del Tesoro en el banco central y se abona la cuenta de reservas del banco en el que el beneficiario de la transferencia mantiene un depósito bancario. Finalmente el banco privado, en su contabilidad, adeuda su cuenta de reservas en el banco central y abona la cuenta de su cliente. De esta manera el estado ha creado nuevo dinero: un depósito bancario de una persona o entidad del sector privado ha aumentado su saldo y éste tiene su contrapartida en un aumento de la cuenta de reservas del banco privado.
| A primera vista esto resulta complicado de entender porque se registra un cuádruple apunte contable. Quizás ayude al lector ver el impacto de una operación de pago de 100 euros del estado en los balances del tesoro, el banco central, el banco privado y el proveedor del estado.
A) En la contabilidad del tesoro se registran estos apuntes
B) En la contabilidad del banco central se registra el siguiente apunte contable.
C) En la contabilidad del banco privado «A» se registraría el siguiente apunte
D) Finalmente en la contabilidad del proveedor podríamos ver los siguientes apuntes registrados:
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Si un déficit público se prolonga en el tiempo, en algún momento el saldo de los depósitos del estado en el banco central se volvería negativo. Es decir, en este caso el banco central consentiría que el estado tuviera un descubierto en cuenta. Sin embargo, muchos ordenamientos legales han establecido restricciones institucionales que prohíben a los bancos centrales la financiación del déficit del estado [3]. Para evitar los descubiertos que resultarían de un déficit prolongado, convencionalmente el tesoro emite deuda pública por importe equivalente al déficit fiscal. El efecto final en los balances de los bancos de la emisión de deuda es una reducción de los saldos de sus cuentas de reservas y un aumento por valor equivalente de los saldos en sus tenencias de títulos de deuda pública. El comprador de esa deuda puede ser un banco. En este caso el banco abonará su cuenta de reservas en el banco central y cargará su cuenta de cartera de deuda pública. A su vez, el banco central transferirá esas reservas desde la cuenta del banco a la cuenta del Tesoro. Otra posibilidad es que el comprador sea un fondo de pensiones o de inversiones. En este caso su cuenta corriente en el banco se verá reducida por el importe de la inversión en deuda pública. A su vez el banco ordenará una transferencia de reservas desde su cuenta en el banco central a la del Tesoro.
La emisión de deuda es un vestigio anacrónico de la época en la que los sistemas monetarios se basaban en moneda metálica. Sin embargo tal conservadurismo institucional no es inocente. La deuda emitida por el estado permite que aquellas personas que detienen el ahorro neto del sector privado, inicialmente materializado en dinero que no paga intereses, puedan transformarlo en un instrumento que genera una renta. Obviamente los principales beneficiarios de ella son los grandes patrimonios. En este sentido entendemos que la deuda no es más que una forma de beneficencia para la oligarquía rentista.
Otra causa de la variación en las reservas son las decisiones de inversión o desinversión en activos que realiza el banco central. Estas operaciones se realizan en el marco de su política monetaria. Los bancos centrales modernos tratan de determinar un tipo de interés de referencia a corto plazo. El tipo de referencia más utilizado es el del mercado interbancario en el que unos bancos prestan sus reservas excedentarias a otros. Si en el sistema bancario hay un exceso de reservas los tipos de interés tenderán a bajar mientras que si hay una carencia de reservas éstos subirán. Los bancos centrales acomodan el nivel total de reservas mantenidos por los bancos participantes en el sistema a aquél que sea compatible con el tipo de interés que se ha fijado como objetivo. Si el sistema bancario necesita acceder a reservas adicionales el banco central acomodará esa demanda inyectando esas reservas si quiere evitar que los tipos excedan su objetivo. El banco central puede aumentar el nivel de reservas existentes en el sistema comprando activos financieros que se encuentran en las carteras de los bancos, normalmente títulos de deuda pública como las letras del Tesoro y los bonos del Estado [4]. Los bancos a su vez registrarán en su contabilidad una variación en la composición de su activo: un aumento de sus cuentas de reservas y una reducción equivalente de sus inversiones de cartera. El banco central puede también crear cuentas de reservas concediéndoles a los bancos líneas de liquidez. En este caso el banco central registra un préstamo en su activo y un aumento equivalente de reservas en su pasivo. Ambas operaciones tienen el efecto de aumentar el activo del banco central y su contrapartida, las cuentas de reservas, en el pasivo.
Podemos expresar el efecto en el nivel de reservas de la compra de activos por el banco central mediante una ecuación: ΔR=ΔA, si hacemos ΔB=0 y ΔDT =0.
También puede ocurrir que un exceso de reservas provoque una caída de los tipos de interés en el mercado interbancario. El banco central puede «drenar» reservas excedentarias del sistema bancario deshaciendo las operaciones anteriormente descritas. Por ejemplo puede vender a los bancos títulos de deuda que mantiene en su cartera o desincentivar que los bancos acudan a las líneas de liquidez con un aumento de los tipos de interés que cobra por ellas. En este caso el efecto es una reducción simultánea de los activos registrados en el balance del banco central y de las reservas en el pasivo. Estas operaciones permiten subir los tipos de interés hasta el nivel que desea el banco central.
La intervención de los bancos centrales en los mercados secundarios donde se intercambian los títulos de deuda pública implica que aquéllos pueden determinar su precio. El precio de un bono o letra del tesoro tiene una relación inversa con el rendimiento que les produce a los inversores. Cuando en la prensa leemos que la prima de riesgo de la deuda pública de los estados del sur de Europa —la diferencia entre el rendimiento de un bono alemán y el de uno emitido por un estado periférico— ha aumentado no debemos caer en el engaño de creer que ese precio refleja condiciones de mercado. Simplemente el BCE ha tomado la decisión política de no comprar suficiente deuda pública de nuestros países como para reducir su rendimiento.
| El interés de la deuda no es lo mismo que su rendimiento. Si compramos un bono con un valor nominal de 100.000 euros y vencimiento a un año que paga 1.000 euros en intereses a su vencimiento, su tipo de interés es el 1%. Para quien haya comprado ese bono con intención de conservarlo en su cartera hasta el vencimiento el tipo de interés será idéntico al rendimiento. Sin embargo, si vende ese bono en el mercado secundario al día siguiente por 95.000 € el comprador cobrará esos 1.000 euros al vencimiento. En este caso, aunque el tipo de interés sigue siendo un 1% sobre el nominal del bono (100.0000 euros), el rendimiento que obtiene sobre el precio que ha pagado es mayor, del 1,05%. En cambio, si el comprador hubiese pagado 110.000 euros, su rendimiento sería 0,91%. El rendimiento tiene una relación inversa con el precio del título de deuda en el mercado secundario. |
Por último las reservas bancarias pueden disminuir cuando el público desea aumentar sus tenencias de billetes de banco. Supongamos que una persona decide retirar efectivo de su cuenta bancaria. En este caso el banco encargará al banco central que le entregue monedas y billetes el cual cargará el importe equivalente en la cuenta de reservas de la entidad. Cuando el banco entregue los billetes cargará el importe en la cuenta corriente de su cliente. De esta forma un aumento de los billetes en circulación produce una reducción de los niveles de reservas y de los depósitos bancarios.
[1] Por ejemplo, el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea en su artículo 123.1 dice: «Queda prohibida la autorización de descubiertos o la concesión de cualquier otro tipo de créditos por el Banco Central Europeo y por los bancos centrales de los Estados miembros, denominados en lo sucesivo bancos centrales nacionales, en favor de instituciones, órganos u organismos de la Unión, Gobiernos centrales, autoridades regionales o locales u otras autoridades públicas, organismos de Derecho público o empresas públicas de los Estados miembros, así como la adquisición directa a los mismos de instrumentos de deuda por el Banco Central Europeo o los bancos centrales nacionales».
[2] El Tesoro Público tiene encomendadas las funciones de gestión de la tesorería del Estado y ordenación de pagos.
En la Administración General del Estado la caja está centralizada en el Tesoro que es el encargado de pagar todas las obligaciones y gastos reconocidos por el resto de Ministerios y centros directivos de la Administración General del Estado: nóminas de personal público, pensiones de clases pasivas, pago a proveedores de la Administración, transferencias a Comunidades Autónomas, Entidades Locales y a otros organismos públicos u administraciones, pago de las amortizaciones y de los intereses de la deuda del Estado, etc. Estos pagos se realizan tanto en la zona SEPA como en el exterior. Para cumplir con esta función, se gestiona el Fichero Central de Terceros en el que se registran los datos bancarios de los proveedores y acreedores de la Administración General del Estado.
Por otro lado, la recaudación de ingresos nutre las cuentas de tesorería. Estos ingresos son tanto de naturaleza tributaria, recaudados por la Agencia Tributaria, como no tributaria (por prestación de servicios, dividendos, transferencias o devolución de préstamos concedidos por el Estado, etc).
Una de las principales funciones de la gestión tesorera supone por un lado garantizar la liquidez suficiente para hacer frente puntualmente a las obligaciones del Estado y por otro tratar de gestionar de manera eficiente y al menor coste posible dichas disposiciones líquidas. Para ello, se cuenta con distintos instrumentos para realizar operaciones de tesorería tanto pasivas (endeudamiento a muy corto plazo) como activas (cesión de excedentes de tesorería).
La Dirección General del Tesoro y Política Financiera es también la encargada de autorizar la apertura de cuentas bancarias de la Administración General del Estado, de sus organismos autónomos y del resto de entidades del sector público administrativo estatal cuyos recursos financieros integran el Tesoro Público, así como del control de esas cuentas. Esto permite ejercer más eficientemente las funciones de gestión de los fondos del Tesoro Público, facilitando un conocimiento preciso y puntual de la situación de todos fondos del Tesoro Público.
[3] No hay mucha diferencia entre la deuda pública y las reservas bancarias. Ambos no son más que un tipo de depósito en el banco central siendo la principal diferencia que una paga intereses y el otro no.
[4] En el Eurosistema, las reservas mínimas se calculan aplicando un coeficiente, actualmente el 1%, llamado coeficiente de reservas o coeficiente de caja, sobre los saldos existentes a fin de mes de determinados pasivos de las entidades de crédito, generalmente con plazos de vencimiento inferiores a dos años, que, en conjunto, forman lo que se denomina base de reservas. Las reservas así determinadas se deben mantener durante un período de un mes y se remuneran al tipo de interés de las operaciones principales de financiación del Eurosistema. Una entidad cumple las exigencias de mantenimiento de reservas durante ese mes si la media de los saldos diarios en su cuenta en el banco central no es inferior a la cantidad exigida (Glosario de Política Monetaria. Página web del Banco de España).


