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Subiré los tipos de interés hasta que abran Ormuz

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El Banco Central Europeo y su lucha contra la inflación

Canta Camarón que “para que yo te quiera tengo que ver dos señales, una se hundan los cielos, y otra se sequen los mares”. De manera similar, para que las medidas del Banco Central Europeo contra la inflación funcionen se tienen que dar dos condiciones, una, que se abra el estrecho de Ormuz, y otra que se acaben las guerras. ¿A alguien le parece que las subidas de tipos de interés van a contribuir a alguno de estos resultados? 

Las teorías económicas dominantes confunden y mezclan lo financiero y los recursos reales como si fueran una y la misma cosa. Esta creencia les lleva a dos tipos de errores:

  • Por un lado, piensan que un numerito financiero como el déficit público determina que no nos podemos permitir un programa incluso aunque los recursos reales para ello existan y estén disponibles, a veces incluso ociosos. 
  • Por otro lado, piensan que manipulando un numerito financiero como los tipos de interés se puede resolver por arte de magia una escasez de recursos reales críticos como son los hidrocarburos. Este es el caso con los tipos de interés y la crisis de hidrocarburos derivada de la guerra.

Desde la Teoría Monetaria Moderna, en cambio, reconocemos que lo más importante son siempre los recursos reales, son estos los que imponen los límites duros a nuestras economías. Si disponemos de los recursos reales para algo, nos lo podemos permitir, diga lo que diga la cifra de déficit o de deuda. Y, si no disponemos de los recursos reales, nos va a tocar sufrir la escasez, y no hay truco financiero que resuelva el problema. 

Esto no quiere decir que la economía financiera sea innecesaria o negativa, sino que lo financiero debe ser una herramienta de coordinación, movilización y distribución de los recursos económicos reales, en lugar de concebirse como un recurso real más. 

Mientras las realidades geopolíticas impongan una escasez de hidrocarburos y sus productos, los gobiernos deberán distribuir los costes de dicha escasez. En efecto, la inflación es ante todo un conflicto distributivo, la gran pregunta es quién acarreará con más costes y quién con menos. La respuesta del BCE y las teorías en que se basan es clara: los trabajadores, mediante menores salarios reales y mayor desempleo. No hace falta que nos crean, revisen lo que decían en la reciente ronda de inflación post-COVID.

Peor aún, tal como Warren Mosler ha argüido, las subidas de tipos de interés en economías maduras con grandes niveles de deuda acumulada son inflacionarias a través de las siguientes vías: 

  • Los intereses son un coste para las empresas, un coste que se verán obligadas a repercutir como cualquier otro, contribuyendo a la inflación.
  • Las subidas de tipos implican un aumento más que significativo de los pagos efectuados por el gobierno en concepto de intereses por su deuda. Es cierto que quienes reciben esos pagos son, por decirlo rápido, los ricos, que tienen menor propensión al gasto por unidad adicional de renta. Pero menor propensión no es cero propensión, por lo que debemos esperar algún efecto inflacionario por esta vía. 

Es decir, que a los primeros signos de inflación, la respuesta refleja del BCE es aumentar los ingresos de los ricos y reducir los de los pobres. Conflicto de clase donde los haya.

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